Ginés Aniorte (1960)

.

LECCIONES

[...] Como había llovido hacía poco,
cuando el sol despertó en mis labios la sed,
mi padre me invitó a que bebiera el agua
de un charco en el camino
y yo vi en ello la ocasión
de cumplir una hazaña.
Él que bien conocía los secretos
que guardaba aquel bosque,
sin dudarlo un momento, aseguró
que podía beberla sin cuidado
porque no había huellas de animales
en el barro espejado de sus bordes.
Allí donde incliné mi boca deseosa
por sentir el frescor de aquel cristal tan limpio,
nadie había bebido.
.............................. Y añadió sonriendo:
A excepción de las nubes y la luna
que, sin dejar su rastro,
beben en todas partes, ¿lo sabías?
.
Ginés Aniorte, Nosotros
Calle del Aire, 99, Renacimiento, Sevilla, 2009
.