Hiromi Kawakami (1958)

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Había llovido sin cesar y las calles estaban mojadas. Los charcos reflejaban la luz blanca de las farolas, que parecía flotar en la oscuridad de la noche. El maestro caminaba en línea recta, pisando los charcos. Yo intentaba sortearlos todos y caminaba sin rumbo fijo, desviándome constantemente. Por eso me había quedado un poco rezagada.

Hiromi Kawakami, El cielo es azul, la tierra blanca
Traducción de Marina Bornas Montaña